Hacía mucho tiempo que no escribía aquí y ya es buen momento para retornar, esta vez con una reflexión sobre un taller de paternidad que estoy impartiendo.

Quería hacer una reflexión sobre este intenso fin de semana. ¿No os da la sensación que a veces un día da para mucho? Ese ha sido mi caso entre viernes y sábado, y va a darme para escribir dos historias totalmente diferentes.

El viernes estuve ofreciendo un taller llamado “Mi paternidad emocional” en Torrejón de Ardoz invitado por la Asociación Numa. Era la segunda parte del que ya realicé hace un mes y verdaderamente me he sentido muy cómodo compartiendo mis emociones con todos los asistentes y escuchando todo lo que ellos sentían.

¿Padre perfecto? No, gracias

El motivo de realizar este taller fue la impresión de una amiga cuando trató de leerse el libro en el que yo había participado como escritor “Una nueva paternidad”.

Me trasladó que le costaba leer lo que allí se decía, sentí que aquellas impresiones le hacían daño, que le hacían sentirse culpable con su elección. Ese fue el empujón que me decidió a contar mi historia, y también mis sombras.

No soy un padre perfecto ni pretendo serlo.

De qué trata “Mi paternidad emocional”

Llevo cerca de un año ofreciendo este taller donde invito a los participantes a venirse de viaje conmigo. Este viaje comienza en el embarazo de mi primer hijo y pasamos por todas las etapas de la paternidad que para mi han sido importantes, además de preguntarnos por nuestra niñez, nuestras relaciones y algunas cosas más… :)

En el taller trato de trasladar mis emociones a todos los asistentes, ofreciendo un espacio seguro donde compartir todo aquel que quiera y respetando los silencios en caso de que así sea.

En mi caso, no soy ningún profesional que pueda dar soluciones, tan solo puedo ofrecer lo que yo siento y mi visión-experiencia ante algunos casos que he vivido. Tan solo busco compartir vivencias con padres-hombres con las mismas necesidades de compartir y comprensión.

Necesidades de un padre

En este tiempo, me he dado cuenta que los hombres tenemos mucho que contar, tenemos necesidad de ser escuchados, comprendidos y sostenidos. Tenemos necesidad de descubrirnos, de poner nombre a lo que sentimos, saber lo que nos ocurre y conocer nuestro lugar en este nuevo paradigma de crianza.

Históricamente, no se nos ha enseñado a conocer nuestras emociones, y ahora que estamos frente a un nuevo rol, se nos hace difícil saber el modo de manejarlas e incluso ponerles nombre! :(

Estoy seguro que estamos en el camino del autoconocimiento, y que al final, encontraremos relacionarnos mejor con el otro (niños, pareja, familiares, amigos,…), asumiendo y respetando nuestras necesidades y también las suyas.

De lo que me he dado cuenta es del poder sanador que tienen estos talleres para mí, y espero que también para los asistentes.

Ahora que ya está abierto nuevamente, nos seguiremos viendo por este espacio de forma regular, y recodar esta frase en todo momento: “Tanto tu padre como tú, sois el mejor padre que vuestros hijos y tú podéis tener”


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