Entrevista a Isabel Fernández del Castillo

CARTEL DESAPRESURAR LA INFANCIA. MAS

Aún recuerdo cuando Alba estaba embarazada de Samuel, recuerdo la avidez de lectura que teníamos los dos sobre cualquier tema que estuviese relacionado con el embarazo, parto y lactancia…

Recuerdo con cariño aquellos días en que compramos muchos muchos libros, y recuerdo como iban siendo devorados uno tras otro.

Aquellos escritores parecían muy cercanos, escribían como si estuviesen cerca de tí, incluso Jean Liedoff en “El Concepto del Continuum”.

En algún momento, cambié de estrategia y pensé que sería genial escuchar de viva voz a todos aquellas personas que tanto me estaban aportando en el sillón de mi casa, y decidí ponerme manos a la obra.

Muchas de aquellos escritores vinieron a las charlas que organizamos desde Besos y Brazos, y más tarde desde Con Mirada de Niño pero me quedé con las ganas de una de aquellas personas. Esa persona es Isabel Fernández del Castillo y si bien me encantó su primer libro, me enamoró cuando la conocí en persona.

Ahora, nuestros amigos de Madrid Active School han organizado la charla “Desapresurar la Infancia” el 11 de Marzo y yo he tenido el enorme placer de poder hacerle esta entrevista.

Entrevista a Isabel Fernández del Castillo

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Pregunta: ¿Tienes hijos? ¿Cuantos y de qué edades?
Respuesta: Dos hijas de 22 y 19 años

P: ¿Hay una Isabel antes de ser madre y otra después?
R: La maternidad siempre transforma; no hay fuerza más constructiva, te conecta con lo esencial.

P: ¿Crees que tu experiencia como madre puede servir a quienes tienen niños pequeños hoy?
R: Tuve la inmensa suerte de haber tenido acceso, antes de que nacieran, a lecturas y autores que fueron fundamentales en mi visión de la infancia y en mi forma de criar, en una época en la que no había tanta literatura sobre estos temas. Todo lo que hablo en mis charlas y artículos sobre la infancia, sobre la importancia del juego y de crear condiciones apropiadas en el día a día, lo he experimentado en casa. El entorno en el que crecen los niños en el mundo de hoy se aleja tanto de sus necesidades que siento la necesidad de contarles a las madres y padres que hay que desindustrializar la infancia, que todo es mucho más sencillo, y hacerlo desde el lugar de alguien que ya pasó por ahí y de una determinada manera.

P: Hace ya bastantes años escribiste un libro que es mesita cabecera de muchas madres (lo digo por conocimiento de causa). ¿Qué te llevó a escribir “La Revolución del Nacimiento”?
R: Después de dejar Derecho cambié completamente de tercio y estudié y practiqué varias medicinas alternativas, entre otras Medicina China. De esa etapa aprendí varias cosas fundamentales, la primera y más importante es que el cuerpo (la naturaleza) es inteligente, que es mas sabio ser humilde y trabajar a su favor que tratar de domesticarla. Y otra cosa fundamental que aprendí es a relacionar, a pensar más contextualmente, a percibir mejor las relaciones entre las cosas y entre ellas y el entorno, a relacionar causas con efectos. Con esa mirada más holística, cuando empecé a ver lo que se hacía (y se hace) en la atención al parto, me quedé consternada. La obstetricia convencional trata al cuerpo de la mujer como si fuera tonto, como a una maquina a la que hay que dar cuerda para que funcione, y que en cualquier momento puede explotar. Hablo de las rutinas, de lo que es innecesario e inhibe la inteligencia del cuerpo. Me pareció un error monumental, un error tipo 1, como se dice en Permacultura. Necesitaba decirle a la gente que no, que estamos equivocados, que esa obstetricia convencional es un insulto a la inteligencia de la naturaleza, a la dignidad de las mujeres y de los bebés, y que genera daños.

P: ¿Crees que solo pasa en obstetricia?
R: La verdad es que no. Lo que se hace en agricultura, por ejemplo, o incluso en educación, sigue el mismo patrón: a menudo se reprime/inhibe lo que la naturaleza hace por sí misma y de un modo espontáneo, y se reemplaza por intervenciones externas y productos, con resultados mediocres y generando daños colaterales innecesarios. Son distintas manifestaciones de un mismo paradigma. Lo que pasa es que la obstetricia medicalizada se juntan dos represiones: la de la naturaleza/cuerpo de la mujer, y la de la mujer como persona, a la que se trata como objeto y no como a un sujeto de derechos y merecedora de un trato digno. La negación de derechos reconocidos en las leyes sanitarias que se da en la obstetricia convencional no se da en ninguna otra especialidad.

P: Y además, participaste activamente en la creación de la asociación “El parto es nuestro” que promueve el parto respetado. ¿Cómo fue ese inicio? ¿Qué ha aportado “El parto es nuestro” a las madres desde 2004 hasta hoy?
R: El punto de encuentro fué el foro apoyocesareas, en 2001. Por primera vez había un espacio donde las mujeres (también había/hay profesionales con necesidad de cambio) podían hablar de sus partos, de lo que les habían hecho, de como se habían sentido, de las secuelas -la mayor parte de casos innecesarias- que se llevaban a casa, del maltrato físico y psicológico … también circulaba información científica de mucha calidad, que demostraba que había otras formas de trabajar avaladas por la ciencia. Era una letanía de historias de mala praxis, de violencia y de negación de derechos fundamentales, y nos motivó para unirnos y hacer algo para que las cosas cambiasen. Nuestras demandas fueron escuchadas por el Ministerio de Sanidad, en el que entonces había un equipo (el Observatorio de Salud de las Mujeres) dialogante y abierto a las demandas legítimas de las usuarias. Eso fué el origen de un proceso apasionante que dió lugar a la Estrategia de Atención al parto normal y a las posteriores guías. Se hizo un trabajo impresionante, aunque su traslado a la práctico va muy lento, depende mucho de los centros hospitalarios, y los actuales recortes y sobrecarga asistencial no ayudan, precisamente.

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P: Ahora mismo, estas volcada con tu proyecto “Terra Mater”. ¿Cuál es el objetivo principal de este proyecto? Es muchísima la oferta de cursos que hay en tu web, todos relacionados con la infancia y el medio ambiente. ¿Qué relación hay entre ellos?
R: Creo que estamos en un momento crítico a un nivel medioambiental y social, es algo evidente. Nuestros niños se harán cargo en unos años de un planeta en crisis ecológica. Si no respetamos la verdadera naturaleza de la infancia, es difícil que ellos puedan respetar la naturaleza ahí fuera, y mucho menos entenderla hasta el punto de poder contribuir a regenerarla, porque lo “sostenible” se ha quedado corto hace tiempo. Los niños desarrollan la empatía en la medida en que los adultos somos empáticos con ellos y sus necesidades, especialmente en las etapas más sensibles de la vida. Y cuanto más pequeños, más sensible. Necesitamos niños conectados, consigo mismo, con los otros y con la naturaleza. Y si sigues la corriente imperante, todo lleva en la dirección contraria. La crianza tecnológica está diseñada para sustituir las experiencias y los vínculos por cosas y estímulos potentes que distraen, artilugios tecnológicos que inhiben el juego auténtico, y vivencias artificiales embotelladas. Los niños se sumergen en el artificial mundo virtual artificial antes de conocer, de haber experimentado a fondo el mundo real, con su sinfonía de matices. Y eso va en contra de su evolución. Estoy de acuerdo con Michel Odent, el cambio ha de partir del ser humano, también. Lo que hagamos con la infancia nos lo vamos a encontrar a nivel social en unos años. Todo lo que ofrece Terra Mater va dirigido a elevar nuestro nivel de consciencia colectivo en este sentido. Los adultos necesitamos ampliar nuestra mirada.

P: ¿Qué diferencias hay entre los niños de hace cien años y los de hoy?
R: Junto con el progreso, los niños han perdido algunas cosas fundamentales, y necesitamos ser conscientes de ello para tratar de compensar en lo posible. Hay varias cuestiones preocupantes. La primera es la soledad. Nunca en la historia los niños han pasado tanto tiempo al día separados de su familia, desde muy muy pequeños, Y cuando por fin llegan a casa a las 7 de la tarde y pueden estar un rato con sus padres -que vuelven del trabajo agotados- a menudo tienen que competir con los teléfonos móviles para conseguir un poco de atención, de presencia. Eso me perturba. A veces veo niños tratando de hablar a su madre, o su padre, y los adultos whatsappeando, a veces ni los miran. Luego dicen que los niños hacen cosas para llamar la atención ¡¡es que la necesitan!!
Otra cuestión preocupante es la casi desaparición del juego. Hablo del juego de verdad, no del sucedáneo de pantalla. Los niños han perdido la calle y la naturaleza como lugar natural de juego, de conexión, de socialización, de aprendizaje a través de la observación y la experiencia. Su tiempo ha sido invadido por los deberes, las actividades extraescolares y las máquinas. Hay que entender el juego espontáneo como una expresión del alma infantil, de su mundo emocional, de su inteligencia simbólico-metafórica y de muchas más cosas, algunas de las cuales seguramente ni sospechamos . Es lo que nos hace humanos, inteligentes. Los animales son tanto más juguetones cuanto más inteligente es la especie, eso debería darnos qué pensar. Muchos niños juegan muy poco. El sistema educativo, por su parte, tampoco ayuda, porque no sintoniza con la verdadera naturaleza y necesidades de la infancia.
Por último, la salud: la medicalización de la salud, ya desde el embarazo y el parto. Hay mas cobertura de salud, pero también más enfermedades crónicas; la alimentación es más industrial…

P: Mucha gente piensa que la sociedad está deshumanizada. ¿Consideras que esta sociedad se preocupa por la infancia?
R: Creo que hay un problema de prioridades, porque hay un problema de consciencia. Que haya dinero para rescatar bancos y autopistas pero no para prolongar la baja maternal e invertir en el bienestar y la salud psicológica de las familias demuestra que no hay consciencia sobre qué es importante y qué no. Estamos más en la cultura del curar (mal) que en la de cuidar e invertir en salud, en el más amplio sentido de la palabra. Es preciso cambiar eso.

P: Y para finalizar, ¿donde estará Isabel dentro de 15 años? ¿qué estará haciendo?
R: Si sigo aquí, estaré plantando árboles. Y seguiré diciendo a quien me quiera escuchar que, por favor, que dejen jugar a los niños, que les cuenten cuentos, que les lleven a la naturaleza, que les den muchos abrazos, que canten juntos, que cuando coman en familia, lo hagan hablando sey mirándose unos a otros, en lugar de dejar que la tele presida la mesa familiar. Cosas muy muy básicas, pero que pueden marcar una diferencia muy grande, aunque el fruto no sea evidente hasta la adolescencia. Los niños de hoy están hambrientos de esas experiencias tan fundamentales y tan sencillas, y les sobra parafernalia que no necesitan. Hay que radicalizar la infancia, es decir, ir a la raíz de lo importante. Como dicen mis hijas, eso renta. Te lo aseguro.

Para mí ha sido todo un placer volver a compartir con Isabel sus inquietudes, lo que le mueve a ella y donde pone el foco actualmente.

Si queréis escuchar en directo la charla “Desapresurar la infancia”, no tenéis más que hacer vuestra reserva de plaza en events@madridactiveschool.com. Desde luego, ¡yo no me la pierdo!  :)


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